Pasadas las 10.45 un tipo que debe haber sido de la producción anunció dos cosas: 1) Un lamentable pero oportuno accidente de transito nos había librado del teloneo de Javiera Mena, quien estaba bien pero con reposo absoluto por dos días. 2) La fiesta (¿qué fiesta?) se trasladaba al segundo piso de una casa en Santos Dumont. Después de eso dió paso a Jens y su amigo prendido y bailarín de los sampleos, que fueron recibidos con aplausos correctos pero distantes a pesar de lo íntima de la puesta en escena.
Tímido y carismático, Lekman dedicó el concierto a la accidentada y ausente Javiera Mena y para cautivarnos a los presentes recurrió a su usual storytelling. Casi como a modo de introducción, antes de algunas canciones nos contaba qué pasó cuando las escribía, o en qué momento de su vida estaba cuando pasó tal o cual anécdota inspiradora de la siguiente canción. Todo esto enmarcado por una escenografía naïv y acogedora, versión espacial de las canciones de Lekman, ideal para cobijar este concierto.
En su afán narrativo, incluso subió a uno de sus amigos para traducir la historia antes A Postcard to Nina. El problema es que el amigo traducía un poquito no más. Afortunadamente la historia se entendía igual y sólo significó un paréntesis inusual pero agradable que el público recibió con la misma actitud anestésica con la que recibió los múltiples 'wanna dance Santiago!'.
Tal vez fue por el frío (el estacional o el endémico de la personalidad santiagina, who knows) pero a pesar de todas las ganas que puso Jens Lenkman, los coros, los silbidos y las palmas estuvieron bien flojos. Así y todo, Jens y su amigo Jarvis-Cocker-style-dancer volvieron a regalarnos más canciones.

Finalmente, Lens se quedó solo con su guitarra para cerrar el concierto e invitarnos a la fiestecilla en Santos Dumont, en donde iba a poder conversar con nosotros y sacarse fotos y pedirnos consejos para disfrutar de los días que se va a quedar en Santiago.





Que buena!!!
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